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Migraña: tratamientos con receta que sí funcionan

La migraña no es un dolor de cabeza intenso: es una enfermedad neurológica con crisis que incapacitan, y esa diferencia explica por qué el analgésico que le funciona a un compañero de trabajo a ti no te sirve. El tratamiento tiene dos niveles que se confunden con frecuencia: lo que se toma cuando llega la crisis y lo que se toma todos los días para que las crisis sean menos. Aquí explicamos qué opciones existen en cada nivel, cuándo se pasa de uno a otro, por qué abusar del tratamiento agudo puede empeorar el cuadro, qué señales obligan a acudir a urgencias y cómo encaja la continuidad del tratamiento cuando ya lo tienes pautado.

Qué distingue a la migraña de otro dolor de cabeza

La migraña suele presentarse como un dolor de intensidad moderada o alta, con frecuencia en una mitad de la cabeza y de carácter pulsátil, que empeora con la actividad física habitual y se acompaña de náuseas, vómitos o de molestia marcada ante la luz y el ruido. Las crisis duran horas y pueden extenderse a lo largo de varios días si no se tratan. Alrededor de una parte de los pacientes presenta aura, unos síntomas neurológicos transitorios que preceden al dolor, casi siempre visuales, con luces en zigzag o pérdida de una parte del campo visual. La cefalea tensional, en cambio, se describe como una presión bilateral que no empeora con el esfuerzo y que rara vez incapacita. Distinguirlas importa porque el tratamiento es distinto.

Tratamiento de la crisis: analgésicos y triptanes

En las crisis leves puede bastar un antiinflamatorio no esteroideo o paracetamol, siempre que se tomen pronto y a dosis adecuada. Cuando eso no es suficiente entran los triptanes, un grupo de fármacos específicos para la migraña que actúan sobre los receptores de serotonina implicados en la crisis. En España son medicamentos sujetos a prescripción médica. La familia incluye varias moléculas con perfiles distintos de rapidez y duración, así que el que no funciona en una persona puede sustituirse por otro antes de darlos por inútiles. Existen presentaciones orales, nasales y subcutáneas, útiles cuando los vómitos impiden retener un comprimido. También se emplean antieméticos asociados, que además de controlar la náusea mejoran la absorción del analgésico.

Tomarlo pronto es parte del tratamiento

Un detalle que cambia la eficacia más que la elección del fármaco: el tratamiento de la crisis funciona mejor cuanto antes se toma, idealmente al inicio del dolor y no cuando ya está establecido durante horas. Muchas personas esperan a ver si la crisis remite sola, y para cuando toman el triptán la ventana de mayor eficacia ha pasado. Conviene por eso llevar la medicación encima y no en el cajón de casa. La otra cara de esa recomendación es que hay que llevar la cuenta: tomarla pronto no significa tomarla ante cualquier molestia. Anotar las crisis en un calendario, con la fecha, la duración y lo que se tomó, es la herramienta más útil que puedes llevar a la consulta y la que suele decidir si toca plantear prevención.

Cefalea por abuso de medicación: el círculo que empeora todo

Es uno de los problemas más frecuentes y menos conocidos. El uso repetido de analgésicos o de triptanes muchos días al mes puede transformar una migraña episódica en un dolor de cabeza casi diario, que a su vez lleva a tomar más medicación. El círculo se rompe con un plan supervisado por el médico, que suele combinar la retirada del fármaco implicado con la introducción de un tratamiento preventivo. La señal de alarma es sencilla de reconocer sin ser especialista: si necesitas tratamiento para el dolor de cabeza la mayoría de las semanas, o si el dolor aparece precisamente cuando dejas de tomarlo, ese patrón hay que llevarlo a consulta cuanto antes en lugar de aumentar la dosis.

Cuándo se plantea el tratamiento preventivo

El tratamiento preventivo se toma a diario, con independencia de que haya dolor, y su objetivo es reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis. Suele valorarse cuando las crisis son frecuentes a lo largo del mes, cuando resultan muy incapacitantes aunque sean menos, cuando el tratamiento agudo no funciona bien o cuando hay riesgo de caer en el abuso de medicación. Las opciones incluyen betabloqueantes como el propranolol, antiepilépticos como el topiramato, algunos antidepresivos utilizados a dosis distintas de las de la depresión, ciertos antihipertensivos y los anticuerpos monoclonales dirigidos frente al CGRP, más recientes y con criterios de indicación específicos. Todos requieren receta y una elección individual, porque el perfil de efectos adversos y las contraindicaciones difieren mucho entre ellos.

Qué esperar del preventivo y cuánto tarda

Conviene ajustar expectativas antes de empezar, porque la mayoría de los abandonos ocurren en las primeras semanas. El preventivo no elimina las crisis: el objetivo realista es reducirlas de forma significativa. Además, muchos de estos fármacos necesitan varias semanas para mostrar su efecto, y algunos se introducen subiendo la dosis poco a poco para mejorar la tolerancia. Eso significa que juzgar el resultado a los diez días no tiene sentido. Tampoco es un tratamiento de por vida por defecto: cuando se consigue un control estable durante un tiempo, el médico puede plantear la retirada progresiva. El calendario de crisis vuelve a ser aquí la herramienta que permite decidir con datos y no con impresiones.

Desencadenantes y medidas no farmacológicas

Los desencadenantes son individuales y conviene identificarlos sin caer en la obsesión de eliminar medio menú. Los más repetidos son la falta de sueño y también el exceso, el ayuno prolongado, el estrés y sobre todo la fase de relajación posterior, los cambios hormonales del ciclo, el alcohol y la deshidratación. Mantener horarios regulares de sueño y de comidas hace más por muchas personas que cualquier restricción alimentaria. El ejercicio aeróbico regular tiene respaldo como medida coadyuvante. Y en el momento de la crisis, la mayoría de los pacientes describe alivio con reposo en un lugar oscuro y silencioso, que no es un consejo vacío: reduce dos de los estímulos que amplifican el dolor.

Señales de alarma y continuidad del tratamiento

Hay dolores de cabeza que no son migraña y que requieren atención inmediata: el dolor de instauración brusca que alcanza la máxima intensidad en segundos, el que se acompaña de fiebre y rigidez de nuca, el asociado a pérdida de fuerza, alteración del habla o del nivel de conciencia, el que aparece por primera vez después de los cincuenta años, el que sigue a un traumatismo craneal y el que cambia de forma marcada respecto al patrón habitual. En esos casos, urgencias o el 112. Fuera de esos supuestos, si ya tienes un tratamiento pautado por tu médico o por neurología y lo que necesitas es continuarlo sin interrupciones, esa continuidad es lo que valoramos: la renovación de receta cuesta 21,90 EUR y la tarifa cubre la valoración médica, no la emisión del documento.

¿Los triptanes necesitan receta?

Sí. En España los triptanes son medicamentos sujetos a prescripción médica en todas sus presentaciones, orales, nasales y subcutáneas. La receta no es un trámite: antes de indicarlos hay que revisar antecedentes cardiovasculares, hipertensión no controlada y algunas interacciones, porque existen contraindicaciones concretas. Si un triptán no te ha funcionado, no significa que ninguno vaya a hacerlo: dentro del grupo hay moléculas con perfiles distintos y es habitual probar otra antes de descartar la familia entera.

¿Cuándo se indica tratamiento preventivo?

Se plantea cuando las crisis se repiten con frecuencia a lo largo del mes, cuando son muy incapacitantes aunque sean pocas, cuando el tratamiento de la crisis no funciona bien o se tolera mal, y cuando existe riesgo de abuso de medicación. La decisión la toma el médico valorando tu calendario de crisis, tus otras enfermedades y los medicamentos que ya tomas, porque las opciones preventivas difieren mucho en contraindicaciones. Llevar anotadas las crisis de los últimos meses es lo que más ayuda a esa decisión.

¿Sirve el ibuprofeno?

En crisis leves o moderadas, los antiinflamatorios no esteroideos pueden ser suficientes, sobre todo si se toman pronto y a la dosis adecuada, y a veces asociados a un antiemético. Pero hay dos límites. El primero es que en crisis intensas suelen quedarse cortos y ahí el triptán es el tratamiento específico. El segundo, más importante, es el abuso: usar analgésicos muchos días al mes puede generar cefalea por abuso de medicación y cronificar el problema. Consulta si necesitas tratamiento la mayoría de las semanas.

¿Qué es el aura?

Es un conjunto de síntomas neurológicos transitorios que preceden o acompañan al dolor en una parte de los pacientes con migraña. Lo más frecuente es el aura visual: luces en zigzag, destellos o pérdida de una zona del campo visual, que se instalan de forma progresiva y se resuelven en menos de una hora. También puede manifestarse como hormigueo que avanza por una mano y la cara o como dificultad para encontrar las palabras. Un aura de aparición brusca, prolongada o distinta de la habitual debe valorarse sin demora.

¿Cuándo ir a urgencias?

Cuando el dolor se instaura de forma brusca y alcanza la máxima intensidad en segundos; cuando se acompaña de fiebre y rigidez de nuca; cuando hay pérdida de fuerza, alteración del habla, visión doble o disminución del nivel de conciencia; cuando aparece tras un golpe en la cabeza; cuando es el primer dolor de cabeza intenso después de los cincuenta años; o cuando cambia claramente respecto a tu patrón de siempre. Ante cualquiera de esos casos, urgencias, y si hay focalidad neurológica o alteración de la conciencia, el 112.